Malinche II. La feminidad sabrosa

Las personas que interpelan la normatividad, lo establecido, aportando lo nuevo, lo fresco, el futuro, son criminalizadas, incomprendidas, incluso olvidadas. Pero si son mujeres se da más continuamente y con mañas ensañamiento también.

La figura que se construye de la mujer, en casi todas las culturas pero bien definida en el cristianismo, es el binomio de la santa/puta de la que he hablado varias veces. la virgen María y la prostituta Magdalena. Estos binomios sirven como modelos de comportamientos femeninos, quien se salga de ellos, puede estar en peligro.

A la Malinche la historia la trata de encasillar en este binomio, para vaciarle todo su poder y fuerza como personaje histórico y lanzarla a las cloacas de las indeseadas, de las molestas.

Las personas brillantes suelen molestar a los normales, y por eso se les margina y en el mejor de los casos se les reconoce y en una mujer es casi inaceptable, una mujer brillante es cuestionada constantemente, todo el tiempo es un intento de boicotear, un trabajo arduo, disciplinado e insistente.

La Malinche, me parece el símbolo de esa mujer empedrada, inteligente y tenaz que tanto nos hace falta a las mujeres cuando somos niñas. Mujeres que nos inspiren para ser nosotras mismas, sin la sombra de un padre al que hay que agradar, convencer o gustar.

La Malinche como referencia de una feminidad fuerte y sensual, como la tatarabuela de Frida Kahlo, lejos de ese concepto cristiano de feminidad o servil, o demoniaca, feminidad inteligente, sensual, libre…

 

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