Sor Juana, parte II

Después de la resaca de fin de año, más que nada, de las emociones vividas con mis seres queridos vuelvo.

Muchos propósitos de año nuevo, que os iré contando poco a poco, el primero: mi libro, un libro polémico, porqué aunque en este espacio soy la señora call-girl girlfriend experience, tengo mi lado salvaje y de justicia, el lado salvaje que muchos de ustedes han podido descubrir en nuestros intensos encuentros. Continuemos con Sor Juana.

Después de que Sor Juana, fracasa en su intento de entrar en la universidad, el confesor de los virreyes, el padre Nuñez de Miranda se fija en ella y se entera que no tiene plan de casarse, así que le ofrece entrar en una orden religiosa, y al entrar, de nuevo, brilla por aprender latín en veinte lecciones. La rigidez de la orden de Las Carmelitas, la llevó a enfermarse y entra en la orden de San Jerónimo, donde permanece hasta sus últimos días y donde le es permitido estudiar, escribir, participar en tertulias y recibir visitas. Ya en su treintena, sus villancicos eran remunerados por la iglesia y la corte le pagaba por espectáculos.

En 1680 se produce la sustitución del fray Payo Enriquez de Rivera por Tomás de la Cerda y Aragón al frente del virreinato. Se le encarga la confección del arco triunfal que adornaría la entrada de los virreyes a la capital, para lo que escribió su famoso, Neptuno Alegórico, que por supuesto impresionó a los virreyes, que le ofrecieron su protección y amistad, pero sobre todo la virreina María Luisa Manrique De Lara y Gonzaga, condesa de Paredes que llevó la obra de Sor Juana a España, para que la imprimieran.

La época dorada de la gran artista Sor Juana coincide con el gobierno del marqués de la Laguna (1680-1686) tendría aproximadamente treinta y ocho años, que no es preciso, ya que hasta el día de hoy, no hay documentos que prueben su verdadera fecha de nacimiento. Entre sus obras están: versos sacros y profanos, villancicos para festividades religiosas, autos sacramentales: El divino Narciso, el cetro de josé, El mártir del sacramento y dos grandes comedias: Los empeños de una casa y Amor es más laberinto. Fue una buena administradora del convento y realizó experimentos científicos.

Como una mujer brillante, no se hizo esperar la polémica. Entre 1690 y 1691, se vio involucrada en una disputa teológica, a raíz de una crítica privada que realizó sobre un sermón de un famoso predicador: el portugués Antonio Vleira, que fue publicada por el entonces obispo de Puebla Manuel Fernández de Santa Cruz bajo el título: Carta atenagórica, donde, él la prologó bajo el seudónimo de Sor Filotea le recomienda dejarse las ‘humanas letras’ y mejor dedicarse a las divinas ( los textos de Sor Juana, no escondían su genio y escribía poesía, así cómo filosofía y teatro donde exponía su particular punto de vista, humanista e igualitario, que no terminaba de convencer a la iglesia y tampoco le convencía que los escribiera una mujer) de las cuales, según el obispo, sacaría mejor provecho. Evidentemente esto fue un comportamiento machista y de envidia a la figura de Sor Juana. Sor Juana, contestó, evidentemente con el escrito: Respuesta a Sor Filotea de la Cruz, con una encendida defensa de su labor intelectual y en la que reclamaba los derechos de la mujer a la educación.

Continuará…

 

 

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