Miller y Bertolucci

Después de las grandes concentraciones de ayer domingo en todo el país y del resacón ya superado, seguimos con Miller, que hasta que no logre convenceros de que la literatura de Miller intentaba decirlo algo muy importante como es el disfrute de nuestro cuerpo, de aceptarlo, de lo hermosa que es la sexualidad, de lo hermoso que es el cuerpo. La más grande obra e arte decía el maestro Leonardo. A la vez, desvelaba la hipocresía de una sociedad que hasta nuestros días sigue negando la sexualidad por un lado y por otro no deje de satisfacerse viendo pornografía o disfrutando de la compañía de una mujer como yo, es decir, negar lo que nos da placer por que la gente se ofende.

Hoy ha muerto uno de esos grandes artistas que alababan la sexualidad y como Miller, sabían que la sexualidad era vital para la raza humana, pero también una forma de liberación, una forma de protesta ante un mundo cuadrado y aburrido.

Su maestro el grande pero muy grande Pasolini, le enseñó las odas a la sexualidad, pero también le enseñó como fabricar sueños, sueños políticos y sueños húmedos.

De Bertolucci sabéis de sobra y os recomiendo hoy le hagan homenaje con alguna de sus grandes piezas.

Por ahora un texto de Miller:

Bailar por las calles con el estómago vacío y de vez en cuando visitar gente rara. Madame Delorme, por ejemplo. Ya no puedo imaginar como llegué a casa de Madame Delorme. Pero llegué, entré de algún modo, pasé por delante del mayordomo, por delante de la doncella con su delantero blanco, me metí en el palacio con mis pantalones de pana y mi cazadora.. y sin ningún botón en la bragueta.Incluso ahora puedo saborear de nuevo el ambiente dorado de aquella habitación en que Madame Delorme estaba sentada en un trono con su traje de hombre, los peces de color4es en las peceras, los mapas del mundo antiguo, los libros con bellas ilustraciones; vuelvo a sentir su mano en mi hombre, gustándome un poco con sus marcados ademanes de lesbiana. Era más cómodo en aquella mezcolanza confusa confusa que desembocaba en la Gore Saint-Lazare, las putas en los portales, botellas de agua de seltz en todas las mesas; una espesa corriente de semen que inundaba los arroyos de la calle.Entre las cinco y las siete no había nada mejor que verse empujado entre aquella multitud, que seguir una pierna o un busto hermoso, que avanzar con la corriente y todo dándote vueltas en el cerebro. Una clase extraña de alegría en aquélla época. Sin citas, Sin invitaciones a comer, sin programa, sin pasta. la época de oro, cuando no tenía ni un solo amigo.Cada mañana la triste caminata al American Express, y cada mañana la inevitable respuesta del empleado. Correr de un lado a otro como un chinche, recoger colillas de vez en cuando, unas veces furtivamente, otras, descaradamente; sentarme en un banco y apretar las tripas para detener el mordisqueo, o pasear por el Jardín de las Tullerías y tener una erección al contemplar las estatuas desnudas. O vagar a la orilla del Sena, de noche, caminar y caminar, enloquecer con su belleza, los árboles ladeados, las imágenes rotas en el agua, el ímpetu de la corrientebajo las luces sanguinolentas de los puentes….

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