Queridos lectores:

Desde hace unos meses, he hecho cambios trascendentales en mi vida que como todos los cambios, casi siempre de alguna u otra manera han sido positivos, en su mayoría, así que me he planteado comenzar una nueva etapa llena de ilusión y de crecimiento. Estoy trabajando el cambio de hábitos, así como el cambio de perspectiva de las cosas que tenía fijas, he cambiado de lecturas, he cambiado de casa y de vida en general, sé que no será tarea fácil pero, renovarse o morir, ¿no?

Uno de los proyectos con el que empecé hace unos años, es sobre la estética de la sexualidad, mi blog es una unión de estas, mi objetivo es demostrar tanto que la representación de la sexualidad es un arte, así como que la sexualidad es parte de nuestra cultura, y como tal debe ser tratada, reconocida y aceptada. En ésta etapa, me estoy informando más, sobre porque la sexualidad sigue siendo en occidente, tabú, degeneración, incluso delictiva.

Así que durante esta etapa hasta entrado el otoño, estaré colgando algunas teorías filosóficas así como artísticas, de los motivos de la marginalidad y satanización de la sexualidad, también,colgaré contenidos visuales explícitos que espero disfruten y con estas combinaciones espero poder hacer en ustedes una reflexión y por supuesto, un vida más digna, que disfruten más, una estilo de vida más dionisíaca. ¡Viva la vida!

 

Nada es más opuesto a la interpretación, a la justificación puramente estética del mundo, que la doctrina cristiana, que no es ni quiere ser más que moral, y con sus principios absolutos, por ejemplo, con su veracidad por de dios, relega el arte, todo arte, al recinto de la mentira, la niega, la condena, la maldice. Tras semejante manera de pensar y de apreciar, que por poco lógica y sincera que sea debe de ser fatalmente hostil al arte, yo descubro en todo tiempo también la hostilidad a la vida, la rabiosa y vengativa repugnancia contra la vida misma, pues toda vida reposa en apariencia, arte, ilusión, necesidad de perspectiva y de error. El Cristianismo fue desde su origen, esencial y radicalmente, saciedad y disgusto de la vida, que no hacen más que disimularse en otra vida, en  una vida mejor. El odio del mundo, el anatema de las pasiones, el miedo a la belleza y a la voluptuosidad, un  más allá futuro  para denigrar un mejor presente, un deseo de aniquilación, de muerte, de reposo en el fondo, hasta el sábado* de los sábados, todo esto, así como la pretensión absoluta del Cristianismo a no tener en cuenta más que valores morales, me pareció siempre la forma más peligrosa, más inquietante de una voluntad de aniquilamiento, por lo menos, un signo de laxitud morbosa, de profundo abatimiento, de agotamiento, de empobrecimiento de la vida, pues en nombre de la moral (en particular, de la moral cristiana, es decir, absoluta) debemos, en fin, ahogar la vida bajo el peso del menosprecio y de la terna negación como indigna de ser deseada y falta en sí de valor alguno. La moral misma, ¿no sería una voluntad de negación de la vida, un secreto instinto de aniquilamiento, un principio de rutina, un principio de ruina, de decadencia, de denigramiento, un comienzo de un fin, y, por consiguiente, el peligro de los peligros?…En este libro, mi espíritu, se reconoce como un defensor de la vida contra la moral, y crea una concepción puramente artística. ¿Cómo llamarla? Como filólogo y obrero del arte de la expresión, la llamaría yo, no sin alguna libertad con el nombre de algún dios: la llamaría dionísiaca.

*La palabra sábado proviene del hebreo sabath, que significa descansar.

Nietzche Friedrich, El origen de la tragedia, 1872.

 

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