La novela libertina como lugar de fantasías

Escort BarcelonaLas fantasías siempre han exisido desde el principio de los tiempos, fantasías como volar, vivir eternamente…o fantasías sexuales como la homosexualidad, las orgías, el fetichismo de pies…si no se cumplen, siguen siendo fantasías, si se cumplen, pues ya no lo son.

Lo que es cierto es que al no poderlas realizar físicamente, se han exteriorizado por medio de ilustraciones que vienen siendo los principios de la pornografía, término que proviene del griego porno que significa puta y graphos que significa grafía, la grafía de la puta y traducido el dibujo de la puta así como en la literatura que es la literatura libertina que se tienen los primeros registros (no los primeros escritos) a finales del siglo XVIII en Francia como la novela libertina.

Las amistades peligrosas de Pierre Choderlos,  Cuentos y relatos libertinos de Jean-Baptiste Guillard de Servignè, El sofá de Claude-Prosper y el rey de la novela libertina Marqués de Sade, son algunos de los ejemplos más relevantes de esta corriente.

El joven héroe al principio de Las campanillas novela publicada en 1749 por Jean-Baptiste- Marie Guillard de Servignè:

Mientras ella se mete en la cama; mi dicha quiso que hiciera un extremado calor, las ventanas permanecieron abiertas, las cortinas no se echaron, y la doncella salió después de haber acercado a la cama una mesa con velas. mi joven diosa sacó dendebajo de la cabecera un folleto y lo abrió. Me fue fácil ver que aquella lectura le gustaba: ¿qué no ven los ojos de un enamorado amante?, por que no me cabe duda que yo ya lo era. Creí ver que una expresión de languidez se difundía por toda su persona. Pocos instantes después su cabeza se inclina, se le escapa el libro, extiende los brazos, su respiración se vuelve precipitada, su seno tímido y naciente sube y baja, sus ojos cerrados me hacn tmer que haya perdido el uso de los sentidos. Me siento conmovido hast el punto de que experimento los mismos peligros; una turbación desconocida se apodera de mí, un fuego sutil se difunde por todo mi cuerpo, mi alma cautiva quiere exhalarse y, al no poder encontrar salida, tensa con violencia los lazos de su prisión, busco su causa, vuelvo de nuevo los ojos hacia el lecho fatal para mi reposo, ya no veo nada, ya no puedo más, caigo sobre un sillón en medio de un arrobo indecible.

Lo que está leyendo la joven Éleonore de Mongol es un misterio, pero lo que nos queda muy claro es como la novela libertina logra su objetivo cuando la joven se excita con la lectura de tal manera que casi pierde el sentido ¡Qué placer poder leer estas novelas y empezar a sentir la turbación de la excitación!

Pero donde los efectos de la lectura son más claros y contundentes es en Teresa filósofa novela publicada anónimamente en 1748 y atribuida a Jean-Baptiste de Boyer dÀrgens.

Bésame mucho querido amigo -decía Madame C, dejándose caer sobre la tumbona-. La lectura de tú maldito El cartero de los cartujos me ha enardecido por completo.

La protagonista a pesar de su educación filósofica que enlatece el placer sobre la virtud, ella se mantiene virgen. El Conde que la desea y ella que se niega, le propone un trato: prestarle su biblioteca galante y sus cuadros del mismo estilo durante un año, a cambion de que no se masturbe en 15 días.

Por orden vuestra todo fue trasladado a mi aposento. Devoré con los ojos o, mejor dicho, recorrí uno tras otro durante los cuatro pimeros días la historia de El portero de los cartujos, la de la Tornera de las carmelitas, La academia de las damas, Los laureles eclesiásticos, Temidoro, Frétillon, etc. y muchos otros de ese mismo género, que solo dejé  para examinar con codicia unos cuadros donde las posturas ás lascivas estaban reflejadas con un colorido y una expresión que llevaban a mis venas un fuego ardiente. El quinto día, tras una hora de lectura, caí en una especie de extásis. Tumbada en mi cama,  con las cortinas abiertas por todas partes, dos cuadros – Las fiestas de Príapo, y los Amores de Marte y de Venus- me servían de perspectiva, (…) ¡Cómo! -exclamé-, ¡sí hasta las mismas divinidades hacen su felicidad de un bien que yo rechazo! ¡Ah, querido amante, no resisto más! Ven, conde, no temo ya tu dardo.

 

Continuará….

 

 

 

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