Papi

Hola de nuevo

Hoy os presentaré a una de mis actrices preferidas: Madison Young.

Os escribiré sobre ella, ya que empezaré una serie más sobre el BDSM, una de las disciplinas que domino desde hace algunos años y que está incluida en mi página por si alguien le apetece iniciarse o realizar fantasías derivadas del maravilloso y excitante mundo del BDSM.

Madison Young, en su autobiografía Papi, nos relata su paso por la industria cinematográfica y como se convierte en sumisa de su amor,  convirtíendose en una estrella del cine BDSM, y después continuar en el activismo feminista y montar su propia productora de contenido para adultos feminista, es decir, relatos más ajustados a la realidad y explorar el placer femenino. El texto que transcribo a continuación es una de las tantas escenas que fueron grabadas, en una especie de Gran Hermano, pero en BDSM, durante una semana se grabó el ritual de sumisión de ésta peculiar pareja de estrellas del BDSM.

Iré poniendo párrafos de está biografía para vuestro recreo e información. ¡ Y por supuesto, no dejéis de ver a esta diva de la sumisión!

 

Las manos de Papi me peinaron el largo cabello y me puso de pie, inclinándome sobre la cama y poninéndome el vibrador en la mano. Giré la cara a un lado y vi a Papi elegir una tabla de madera en una esquina de la habitación. Sonreí por anticipado.

-Buen trabajo , Puta. Ahora puedes encender el vibrador. Eso le gustará a tú coño. Debe de haber sido difícil no tocarte en toda la semana, ¿verdad, Puta?

Papi caminaba rodeando a su objetivo, con la mirada fija.

-No, Amo, ha sido un honor.

Me invadía la sensación de placer cada vez que me forzaba a abstenerme. Toda la semana, el erotismo de la obediencia me proporciono una sensación de vigor y plenitud.

-Está bien saberlo. Estoy orgulloso de ti. Eres una buena chica. Cuando te dé con esta tabla de madera tienes que entender que no es un correctivo. Es la recompensa. ¿Lo entiendes?

El vibrador temblaba apoyado en mi vulva. Era una sensación increíble: la indulgencia del placer, vulgar en su obviedad pero maravilloso en su simplicidad. Mi coño necesitaba cariño y atención, un premio tras la dedicación y los golpes recibidos a lo largo de toda la semana.

-Ya noto cómo se tensan tus músculos. Te está acercando, ¿verdad, calentorra? Mira cómo se curvan esos pies. Esa es mi putita

La tabla de madera golpeó mi cuerpo y me sentí sobrecogida por la inmensa ola. Impulsó las sacudidas de placer que irradiaba mi coño vibrante.

-¿Puedo correrme, por favor, Amo? – rogué agarrando la colcha de la cama con una mano y restregándome el vibrador con la otra mientras la paleta de madera tamaño industrial de Papi me golpeaba de nuevo. Con una risita juguetona y masculina, dijo:

-Corréte para mi, Puta.

Eso hice. Con su permiso, me corrí fuerte para Papi.

Y bien follada y golpeada me arrodillé ante mi príncipe, mi Papi, mi dominante. Lo habíamos conseguido. Papi sacó una pequeña llave de su bolsillo y me liberó de la pesada cadena que rodeaba mi cuello dolorido y magullado.

-Has llevado este collar de adiestramiento con orgullo. Es hora de que pases al siguiente nivel.

-Gracias, Amo.

Me honraba su aprobación. al verlo titubear con la llave me di cuenta que Mr. Mogul también estaba algo nervioso. Esto era un hito sin precedentes en nuestra vida juntos.

Cuando me liberó del collar, me sentí desnuda, desprotegida sin el objeto simbólico y temporal al que me había aferrado.

Me sentí desposeída, pese a que me habían avisado que no me encariñara. Papi sacó un collar de cuero sencillo de su bolsillo y me quedé sin aliento al verlo.

-Te lo has ganado.

Observó su recompensa con que afecto y respeto; era un regalo que implicaba la promesa de la protección y la seguridad, la posesión y el afecto, un lazo de respeto mutuo.

-Gracias, Amo- sonreí, vencida por la emoción-.  Gracias.

Cerré los ojos y empecé a llorar a modo de honesta confesión de mi honda gratitud, ya que las palabras no alcanzaban.

-Bésalo.

La mirada de Papi se cruzó con la mía sus manos acariciaron mi rostro y me entregué a él por completo. Me agaché ante el collar, que él mantenía cerca de mi rostro, y besé el cuero y los dedos y manos de Papi. Me miró con ternura, fijamente, a los ojos repletos de lágrimas, y puso el collar contra mi pecho desnudo.

-Esto es tuyo. Nadie puede arrebatártelo.

Sollocé a modo de respuesta, absolutamente enamorada.

Me sentía salvada, rescatada del resto de la vida. Papi abrochó el collar a mi cuello mientras yo apartaba la larga cabellera. Cerró la hebilla y yo fui suya.

Acarició mi cabeza , me miró con una amor y una ternura que no se había manifestado desde los primeros meses de nuestra relación en Seattle. Me serené y me relajé, sonriente y satisfecha.

Continuará….  

 

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