Salas de cine pornográfico

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Cómo muchos de ustedes saben, que desde hace varios años trabajo para la industria pornográfica y a pesar del ninguneo que sufro en España, trabajo para los vecinos franceses y para otros países de Europa, como UK y USA.
Mi primer contacto con la fábrica de sueños húmedos fue a la tierna edad de 10 años, de camino al cole. Cruzaba el eje central Lázaro Cárdenas, una de las avenidas más grandes de la ciudad, en honor al presidente de México que recibió a miles de españoles que huían de la guerra, sin pedirles papeles ni permisos de residencia, ni ingresos, simplemente los aceptó y todos los españoles eran bienvenidos, estos españoles en la actualidad lograron prosperar y vivir dignamente, las siguientes generaciones se establecieron ahí y son mexicanos como todos.
Cada que pasaba por ahí me atraían los carteles de mujeres hermosas y desnudas en poses sugerentes, me quedaba mirando con la boca abierta, el efecto de lo pornográfico era tan potente en mi, que con esas miradas descubrí lo que era excitarme, sentir placer con esas imágenes, el poderoso e infravalorado poder del porno. Ese cine era el mítico Teresa.
Debido a los prejuicios que como mujer tienes inculcados por una sociedad machista y de doble moral, reprimí mi sexualidad durante algunos años, no obstante la vista por muchos minutos a esas imágenes, tiempo después me revelaría uno de mis espacios favoritos; el sexo, en el más amplio sentido de la palabra, pero también lo que yo significaba para él, tenía maravillosas sorpresas para mi.
Empecé a trabajar en el porno por dinero, por supuesto, pero es un trabajo que me encanta, disfruto mucho de mi sexualidad y del placer que me dan mis compañeras y compañeros, con la pornografía también me descubrí atractiva y sumamente sexual, empece a amar mi cuerpo y el de los demás, me esforzaba mucho por satisfacer a mis compañeros para después recibir el premio final de los generosos, o la preciosa, húmeda y viscosa corrida que siempre estaba dispuesta a saborear.
En España hace años que cerraron las salas para tristeza de los espectadores y realizadores, ¡Cuántas escenas hubiera grabado ahí, si todavía existieran!

Sigo pensando en el Teresa muchas veces ¡Me hubiera gustado tanto entrar!

35 años y nunca en mi vida había podido ver porno como Dios manda, en grande, en la oscuridad, en una sala de cine.
En uno de mis viajes a Antwerpen, dando un paseo y zaz! Veo un cine porno, puff tenía que coger un tren a Bruselas en un par de horas. Pero pensé: Puedo entrar, un momento, saborearlo, verlo, quizá tocar las butacas, !Qué la luz del celuloide erótico me deslumbre!
Me dirijo al cine ilusionada como una adolescente enamorada, me acerco a la taquilla, decidida, mostrándome como una experta y el taquillero me dice:
No puedes pasar.
Dentro de mi siento que una oportunidad se me está yendo.No, no, no, esto no puede estar pasando
Le pregunto:¿Por qué no puedo pasar?
Taquillero: Porqué aquí no puedes trabajar
¡El taquillero creía que me iba a pillar unos clientes!
Después de varios minutos de negociaciones, me vende la entrada y consigo entrar.
Sí, así era cómo lo imaginaba, cómo esos cines, de México, cuando entraba y se iban pegando las suelas de tan sucio que estaba, con mi refresco en la mano, mientras la imagen iluminaba todo mi cuerpo, conmovido por la belleza y la magia del cine.
Al buscar mi sitio, me encontré con que el cine estaba lleno de hombres, lo cual me puso mucho más, era como si hubiera penetrado en lo prohibido, algo que muy pocos podían disfrutar y yo era de esas pocas.
Me senté sola a empezar a disfrutar de la película, pero a los pocos minutos los hombres, se sentaron cerca de mi, poco a poco se tocaban, veían la película y a mi, con sus caras me estaban pidiendo a gritos les diera algo, tener a otra persona al lado mientras ves porno es una experiencia que recomiendo vivir y en un cine es genial, si tu novio te metía mano viendo una convencional ¿Por qué iba cambiar en un cine porno? Al contrario, tendría que ser más intenso y placentero.
Enfrente estaban dos hombres besándose, después se percibía como se tocaban el uno al otro por las movimientos y respiraciones. Comencé a excitarme, empecé a tocarme los senos para alivio de ellos y empecé a hacer guarradas con mi cuerpo, ellos con sus caras me agradecían lo que hacía, me chupaba los pezones y hacía movimientos con mis caderas, cuando se empezaron a bajar las cremalleras, sentí que ya no tenía el mismo control, acepté que no iba a disfrutar de la película, cogí mi bolso y me marché ante su atónita mirada. Cuando salí el vendedor me lanzo una mirada fulminante, sospechando que quizá me había ganado un dinero.
Me fui a la estación y me tomé un café mirando la ciudad y agradeciendo, que una más de mis fantasías se había realizado.

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