Catecismo Libertino (continuación)

Escort BarcelonaContinúo con el Catecismo Libertino de Mèricourt

¿Cómo debe de comportarse una puta cuando seduce a un buen fornicador?

Lo primero que debe conseguir es que él se sienta a gusto y que ella también lo esté con él. Es bien sabido que el primer cumplido de un putañero que entra en la alcoba de una muchacha consiste en agarrarle las tetas, de ahí pasará con soltura al culo y enseguida sobeteará su pubis. Estos pequeños arrumacos habituales son los preámbulos y las primicias del placer. La joven debe entonces, mediante caricias lascivas y suaves tocamientos, rematar la conquista del amante momentáneo. Con una mano sutil debe desacatar el botón del calzón mientras que con la otra debe sostener el miembro ya excitado por los primeros tocamientos. Es en ese instante cuando ella debe aprovechar para reclamar su salario, que el fornicador se apresurará a otorgar a fin de no demorarse entre los preparativos del placer y la culminación del gozo.

¿Cuáles son los objetos y utensilios que deben adornar la habitación de una puta?

Detrás del espejo debe de tener dos buenas fustas, una adornada con una cinta rosada y la otra con una cinta azul. Aunque hoy que todo es de estilo patriótico y que incluso se fornica patrióticamente , bastara con una cinta tricolor. En los cajones de su cómoda debe de haber látigos, disciplinas de cuerdas con pequeños nudos y otras provistas de alfileres. También debe poseer cintas y sogas resistentes. Junto a la chimenea deben hallarse, en el interior de un armarito, varios condones. Deben exhibirse cuadros licenciosos y las estampas más voluptuosas y lúbricas debe rodear su cama. Numerosos espejos enfrentados servirán para reflejar las posturas de placer.

¿Cuáles son los usos que debe hacer una muchacha de vida alegre de todos estos utensilios?

Cuando se presente en su aposento algún fornicador frígido que con la actitud perezosa de su verga demuestre impotencia o ausencia de fuerza, la puta, después de probar con los métodos ordinarios y al ver que con el ejercicio de la mano no puede devolver a ese falo su picardía y majestuosidad, deberá de recurrir a remedios violentos a la par que operativos. Al constatar que no puede hacer que se excite, ni que descargue, ella agarrará una buena fusta y comenzará asestándole en las nalgas una treintena de azotes. Si esta práctica no provoca mejoría, deberán emplearse los látigos y las disciplinas con alfileres.

A veces la puta requiere astucia y habilidad para adivinar los antojos de algunos hombres que, aunque pueden excitarse de forma natural y descargar sin la administración de estos recursos y remedios, encuentran un placer más sensual al dejarse fustigar. Sobre todo son los curas quienes presentan una mayor propensión a la flagelación; algunos se dejan atar y otros solo sienten satisfacción cuando una puta les ha macerado y desollado el culo hasta el punto de hacerles correr la sangre por los muslos.

Continuará… 

 

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