Thèroigne de Mèricourt, Discurso pronunciado en la sociedad fraternal de los mínimos el 25 de marzo de 1792

En la anterior entrada, hablé del Catecismo Libertino, con el cual continuaré en la siguiente entrada para no aburrirlos. Como comenté Mèricourt fue una amazona de la Revolución Francesa que llegó a liderar un ejercito de mujeres que participó en la toma de la Bastilla. Les dejaré un fragmento, del discurso más emotivo que pronunció durante esta gran suceso histórico.

 

Año cuarto de la libertad, por la señorita Thèroigne, que hace entrega de una bandera a las ciudadanas del Faubourg Saint-Antoine

 

Ciudadanas:

Aunque hayamos conseguido victorias, aunque un tirano haya muerto, aunque un ministro prevaricador haya sido acusado de alta traición y aunque la Asamblea Nacional muestre una energía que reaviva la esperanza de los Amigos de la Patria, seguimos estando en peligro.

Ciudadanas, no olvidemos que nos debemos por completo a la patria, que es nuestro deber más sagrado estrechar entre nosotras lazos de unión, de confraternidad, y difundir los principios de una energía sosegada con el fin de prepararnos, tanto con sabiduría como con coraje, para rechazar el ataque de nuestros enemigos.

Ciudadanas, nosotras podemos, mediante una generosa abnegación, romper el hilo de estas intrigas. Armémonos. Tenemos derecho a ello por naturaleza e incluso por ley. Mostremos a los hombres que no somos inferiores a ellos, ni en virtud, ni en coraje, mostremos a Europa que las francesas conocen sus derechos y estan a la altura de las luces del siglo XVIII, despreciando los prejuicios que, precisamente por ser prejuicios , son absurdos y a menudo inmorales por que hacen de nuestras virtudes un crimen.

Para conocer nuestros derechos y nuestros deberes es preciso tomar la razón por árbrito y, guiadas por ella, distinguiremos lo justo de lo injusto. Así pues, ¿qué consideración podría retenernos e impedir que hiciéramos el bien cuando es evidente que podemos y debemos hacerlo? Nos armaremos, por que es razonable que nos preparemos para defender nuestros derechos y nuestros hogares. Seríamos injustas con nosotras mismas y olvidaríamos nuestra responsabilidad para con la patria si la pusilanimidad que adquirimos durante la esclavitud siguiera dominándonos como para impedirnos redoblar nuestras fuerzas. No dudéis que, en todos los sentidos, el ejemplo de nuestra abnegación despierta en el alma de los hombres las virtudes públicas y las pasiones insaciables del amor, de la gloria y de la patria. Nosotras mantendremos de este modo la libertad mediante la emulación y la perfección social resultante de esta acertada implicación.

 

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