Thèoroigne de Mèricourt

Hoy os voy a hablar de una mujer muy especial. Prostituta en su juventud, amazona en su madurez y diagnosticada enferma mental, terminó sus días en el geriátrico, en el ostracismo, en castigo por su libertad e inteligencia.

Autora del Catecismo Libertino, (2015) nota que descubrí por una de las compañeras escort, por suerte acaba de salir el libro: La Furia. Proclamas y manifiestos de una revolucionaria caníbal, nada más lejos de la realidad de este personaje histórico, de caníbal nada. 

Thèoroigne, oriunda de Lieja, fue famosa por siempre avanzar hacia los Países Bajos para instaurarse como franceses y guerreros incansables de la Revolución Francesa.

Cortesana, intelectual, guerrera, líder de un ejército de mujeres, que entró triunfante en la toma de la Bastilla. Catecismo Libertino lo escribe en 1791, cuatro años antes que La Filosofía del Tocador, de Sade, Marqués (lo cual me hace pensar, sabiendo que era muy amiga de Sade, que la lucidez y el feminismo así como la claridad respecto al trabajo sexual de Sade, de Mercourt fue una influencia importante en su Filosofía del Tocador .

Me concentraré en el Catecismo Libertino en estos días. Espero que sea de vuestro agrado. A mí me emociona leer  la sabiduría sexual de una mujer de hace 226 años como forma de liberación de todas y todos. Esta introducción del Catecismo fue dedicada a la Madame (exprostituta) más famosa de París, por uno de sus clientes.

 

Catecismo Libertino

Para muchachas de vida alegre y señoritas que decidan ejercer esta profesión

Por la señorita Thèoroigne

1792

Epístola dedicada a la señora Abadesa de Monmatre

Señora:

Es un privilegio poder dedicarle esta obra, pues asegura su éxito y su venta. Al ser conocida en la capital e incluso diría que en toda Francia como la más sensual y lasciva de las mujeres, la más refinada en el arte de las mesalinas y las dolonas, he considerado que este catecismo para putas o señoritas que escojan esta profesión no podría aparecer bajo unos auspicios más dichosos y favorables.

Sería pertinente que me explayara aquí en las virtudes lúbricas y los talentos licenciosos que le hacen ser merecedora, con toda razón, del título glorioso de fornicadora incomparable. Porque usted solo gusta de fornicar y cualquier otro incienso le desagrada. Ya que usted solo fornica por el placer de fornicar, no habría mejor modo de hacerle la corte que hablando de lo que más enardece su pasión favorita.

Así pues, me atrevo a esperar que este catecismo sea de su aprobación. Si no he detallado el asunto con la sal y la pimienta necesarias, tenga a bien considerar del poco tiempo del que he dispuesto para tratar la materia. Asimismo, estaba segura de que solo era necesario indicar los elementos principales de un arte que es casi innato a su sexo, y no me cabe duda de que, con los gratos comentarios que usted aporte al respecto, esta obra adquirirá una grado de perfección que le garantizará uno de los primeros puestos en los libros de su género. Los rápidos progresos en el libertinaje que sus alumnas tendrán ocasión de experimentar con él, bajo la vigilancia y la disciplina que usted aporte, darán también buena muestra de su éxito.

Reciba pues, señora, como una ofrenda legítimamente debida, el sacrificio de dos masturbaciones completas que aquí presento y que juro repetir a diario en su honor y consideración. Se trata de un tributo irrechazable ante el recuerdo de sus encantos, bajo cuyo dominio tantas veces he estado, sobre todo en esos momentos de embriaguez y de abandono general en los que usted los exhibía en pleno estado natural. ¡Qué montículo! ¡Qué coño! ¡Qué nalgas podrían ser más atractivas que las suyas! Verla, subirle las faldas, fornicarla y descargar era como el relámpago durante la tormenta.

Disculpe esta pequeña digresión. Quien la conozca a usted considerará que es justa. Permítame también que muestre mis respetos a sus amorosas intenciones, así como a su recuerdo carnal en sus oraciones jaculatorias, y que me considere con el sentimiento más vívido y apasionado, señora, su muy humilde servidor y fornicador.

 

El abad prepuciano

 

de Mèricourt, Thèoroigne (2015)  La Furia. Proclamas y manifiestos de una revolucionaria caníbal, La Felguera, Madrid
 

 

 

 

 

Continuará…

 

 

 

 

 

 

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