Sexo, seducción y belleza

Hola a todas y todos! Primera entrada del año!

Continúo con el catálogo de la exposición que visité el año pasado en el Museo de Badalona, actualmente no se puede ver, no estoy completamente segura

La sociedad romana era extraordinariamente activa en lo que se refiere a la sexualidad. Numerosas referencias literarias aluden tanto a la atracción física como a la conducta que ha de encender la chispa y hacer posible a la relación sexual entendida como placer. Otro testimonio de este aspecto es el culto a Venus, diosa de la belleza, el amor y la fertilidad, que con el tiempo también tuvo una faceta que la identificaba con la pasión y el placer sin límites.

En el siglo I a.C. se empieza a dar una expresión del amor más abierta. La poesía de Catulo es un ejemplo de esa tendencia:

De miel los ojos tuyos, juvencio, / si alguien me dejara sin parar besarlos, / sin parar hasta miles trescientos besaría, / ni nunca me parecería que saciado estaría, / no si más densa que las áridas aristas / fuera de nuestro besar la siembra

Pero es Oviedo quien, en su obra Ars amandi, del año 2 a.C., plasma el cambio de mentalidad y explicita que la pareja, tanto el hombre como la mujer, tiene que gozar del sexo con complicidad: No cesen las palabras cariñosas, ni los dulces susurros; ni reprimáis en medio de los retozos las frases que os excitan

Así,  Oviedo planteará la seducción como un mundo de engaños y de estrategias, en que entran la actitud y el ingenio, y pondrá de relieve que, en la sociedad imperial, el juego de la seducción era un ejercicio altamente sofisticado.

Os dejaré un fragmento de: El Arte de Enamorar III (771 – 788)

Cada cual se conozca bien a sí misma y preste a su cuerpo diversas actitudes: no favorece a todas la misma postura

La que sea de lindo rostro, yazga en posición supina, y la que tenga la hermosa espalda, ofrézcala a los ojos del amante.

La que tenga el talle largo, oprima con las rodillas el tálamo y deje caer un poco la cabeza;

Si sus músculos incitan con la frescura juvenil y sus pechos carecen de máculas, que el amante en pie la vea ligeramente inclinada en el lecho.

No te sonroje saltar, como una Bacante de Tesalia, los cabellos y dejarlos flotar sobre los hombros, y si Lucina señaló tu vientre con las arrugas, pelea como el ágil partho, volviendo las espaldas.

Venus se huelga de cien maneras distintas; la más fácil y de menos trabajo es acostarse tendida a medias sobre el costado derecho.

Sabéis que el albayalde presta blancura a la piel y que el carmín empleado con arte suple en la tez el color de la sangre. Con el arte completáis las cejas no bien definidas y con los cosméticos veláis las señales que imprime la edad. No teméis aumentar el brillo de los ojos con una ceniza fina o con el azafrán que crece en tus riberas, ¡oh Cidno!

 

Besitos cariñosos

Linda

 

 

 

 

 

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